¿El gobierno venezolano colgando por las cuerdas?

Desde hace un tiempo, Venezuela vive una realidad compleja y un día a día con limitantes que parecen muy lejanas para otros países latinoamericanos, que aumentan el descontento de la población y acercan un momento histórico, según proyectan algunos analistas y otros sectores del país.

Los ciudadanos tienen que hacer largas colas, a veces durante horas, para realizar sus compras en supermercados y tiendas de electrodomésticos o de ropa, como confirmó la cadena Zara la semana pasada con la ya tristemente célebre “racionalización de vestimenta” para los venezolanos.

La escasez de productos básicos como papel higiénico, leche o pañales, multiplica la desesperación de una población que está llegando a niveles épicos de descontento, algo que algunos analistas afirman que determinará un cambio radical en la sociedad en el futuro cercano.

La realidad cotidiana de las personas en Caracas y el resto del país es preocupante, lejos del panorama normal de América Latina. Los ciudadanos deben aprovechar cuando los artículos de primera necesidad llegan a los supermercados y hay gente que se dedica a recorrer las ciudades para detectar los establecimientos que disponen de productos, para realizar una larga compra y luego revenderla o repartirla entre familiares y amigos.

Después de hacer grandes filas para ingresar y ser atendido en una tienda, las personas pueden comprar lo que las autoridades del lugar les indican. Las ventas son programadas y racionalizadas, incluso o sobre todo en materia de productos diarios como leche o perecederos.

El Gobierno trata de apaciguar las aguas

Esta realidad tiene al presidente Ricardo Maduro y su sistema en una constante alerta, con planes emergentes para calmar los ánimos. No se descarta que las autoridades vuelvan a implementar un “dakazo” como hace unos años, cuando obligaaron a bajar los precios de los electromésticos y artículos electrónicos con tal de contentar a los insatisfechos de cara unas elecciones municipales que no pintaban bien para el oficialismo.

Como sea, Venezuela se mantiene como el país con más inflación de todo el mundo con un 70% que algunos analistas internacionales sitúan en un 100% para el próximo año, un PIB que continúa su caída estrepitosa pese a las riquezas naturales del país y una población que acumula frustración y deseos de cambio para alimentar los rumores de aspirar a otra realidad para los próximos años.